El bullicio se va haciendo presente en los oídos. Los mercaderes se mueven de aquí para allá lo más rápido posible, tal vez tratando de conseguir el vuelto de la casera que necesitaba sencillo y pagó con 100 soles o simplemente para traer algún artículo que se le acabó. Algunos puestos vacíos, otros que desbordan personas, evidenciando la fuerte demanda que tienen. Todos andan gritando en la cara de las personas promocionando sus productos, no respetan, llaman casera o casero a cualquiera, aunque sea la primera vez que llegas al mercado de Magdalena.
La cultura peruana en todo su esplendor, la cultura de la pendejada, donde el más vivo gana y el más sano o tranquilo pierde. El paraíso de la piratería, donde puedes conseguir cualquier cosa al precio más bajo. Entre el mar de tiendas se divisa una galería de ropa deportiva, quién diría que al final del pasillo se encuentra Juana Sánchez, que nos contó de su cevichería.